Como parte de su labor para impulsar redes eléctricas preparadas frente al cambio climático, la Renewables Grid Initiative (RGI) ha presentado el Conjunto de Datos sobre Riesgos Climáticos (Climate Hazards Dataset), una publicación que mapea los principales riesgos climáticos que afectan a la infraestructura eléctrica en toda Europa y las medidas de adaptación correspondientes. Abarca riesgos directos, como inundaciones, olas de calor, incendios forestales y tormentas, así como riesgos indirectos, entre ellos las sequías y los cambios estructurales en temperatura. Con esta herramienta, RGI busca contribuir a una planificación de red más resiliente, mejorar la evaluación de riesgos y orientar decisiones de inversión adaptadas al clima, comprometiéndose además a mantener el recurso actualizado con nuevos ejemplos e información.

Diseñado para planificadores de redes, legisladores, investigadores y el público en general, este recurso ofrece definiciones claras de los distintos peligros climáticos, analiza su impacto sobre la infraestructura eléctrica y recopila tanto medidas existentes como posibles estrategias de adaptación, junto con ejemplos reales implementados por operadores europeos.
Inundaciones, temperaturas extremas e incendios forestales
El documento Climate Hazards Dataset – Impacts on Electricity Infrastructure in Europe distingue entre riesgos climáticos directos e indirectos. Las inundaciones son un peligro climático clave para la infraestructura eléctrica. Se contemplan tanto inundaciones pluviales como fluviales y costeras. El documento describe cómo estas afectan especialmente a subestaciones situadas en zonas bajas, centros de transformación y cableado subterráneo, con riesgo de cortocircuitos, corrosión acelerada y daños estructurales que pueden dejar sin servicio áreas urbanas densamente pobladas.

En estos casos, las medidas de adaptación y resiliencia incluyen la elevación de subestaciones y equipos críticos, la impermeabilización y refuerzo de cimientos, sistemas de drenaje y bombeo, construcción de nueva infraestructura subterránea con estándares reforzados y monitorización preventiva de áreas sensibles. Como ejemplo, diversos operadores europeos han rediseñado subestaciones en zonas costeras con criterios de resiliencia hídrica y han incorporado barreras físicas y cimentaciones reforzadas ante la subida del nivel del mar.
Las temperaturas extremas sobre la red eléctrica, como las olas de calor o la acumulación de nieve y hielo, son otro de los riesgos. El aumento de la temperatura tiene impacto directo en la reducción de la capacidad de transporte de las líneas eléctricas (derating térmico), sobrecalentamiento de transformadores y cables, degradación acelerada de materiales y aumento simultáneo de la demanda eléctrica (especialmente por climatización).
Ante esto, se proponen medidas como revestimientos resistentes al calor, nuevos estándares de diseño térmico, sensores para monitorización en tiempo real, gestión dinámica de carga y redistribución de flujos eléctricos, así como modernización de sistemas de refrigeración. En el sur de Europa, varios operadores han incorporado sistemas avanzados de monitorización térmica y gestión inteligente de red para prevenir fallos durante olas de calor.
Los incendios forestales constituyen otra amenaza directa de alto impacto. Las altas temperaturas y la sequía prolongada aumentan la probabilidad de fuegos que pueden destruir torres de transporte, dañar líneas aéreas y provocar cortes masivos de suministro. Además, la propia infraestructura eléctrica puede convertirse en un factor de riesgo si no se gestiona adecuadamente la vegetación circundante. Las medidas clave en este caso incluyen una gestión activa de vegetación en corredores eléctricos, sensores infrarrojos y sistemas de detección temprana, monitorización meteorológica (velocidad del viento, temperatura) y reforzamiento estructural en zonas de alto riesgo.
Vientos extremos y tormentas en la infraestructura eléctrica
En relación con vientos extremos y tormentas, el documento señala que las ráfagas intensas pueden derribar torres, romper conductores y provocar la caída de árboles sobre las líneas. Los costes de reconstrucción tras eventos de viento extremo pueden ascender a millones de euros, además de los perjuicios económicos derivados de interrupciones prolongadas. Para aumentar la resiliencia, se propone el refuerzo estructural de torres, el enterramiento selectivo de líneas en zonas críticas, modelos de predicción meteorológica avanzada y planes de reestructuración rápida tras eventos extremos.

Tras episodios de vientos superiores a 160 km/h en regiones costeras, algunos operadores europeos han invertido en refuerzos estructurales y digitalización de la monitorización. EDP Redes (E-REDES en Portugal y Edp Redes España) ha desarrollado un Plan de Adaptación Climática integral para fortalecer la red de distribución eléctrica ibérica frente a vientos extremos, incendios forestales, inundaciones y nieve.
Además, Red Eléctrica de España (REE) desarrolló un Mapa Eólico para el territorio español con el fin de comprender mejor los riesgos eólicos para su infraestructura eléctrica. El proyecto ayuda a identificar zonas expuestas a fuertes vientos y orienta las decisiones sobre dónde construir nuevas líneas o reforzar las existentes. Mediante el mapeo de las condiciones eólicas locales, REE busca reducir daños futuros, fortalecer sus activos y planificar infraestructuras más seguras y resilientes.
En cuanto a la subida del mar, su incremento progresivo afecta a regiones costeras con impacto en la erosión de infraestructuras, intrusión salina en instalaciones eléctricas y riesgo creciente para subestaciones portuarias o cercanas al litoral. En este caso, el documento destaca medidas como la reubicación estratégica de instalaciones críticas, protección física mediante diques y barreras, y diseño de infraestructura costera adaptada a escenarios climáticos futuros.
En regiones alpinas, el deshielo acelerado y el colapso glaciar añaden un riesgo adicional. El derretimiento del permafrost y los desprendimientos asociados pueden desestabilizar cimientos y causar daños mecánicos a infraestructuras situadas en áreas alpinas. Las medidas incluyen estudios geotécnicos avanzados, sistemas de alerta temprana y rediseño de emplazamientos vulnerables.
Sequías, altas temperaturas y cambios en la temperatura del agua
Junto a estos peligros directos, el conjunto de datos subraya la importancia de los riesgos indirectos. Las sequías prolongadas reducen la generación hidroeléctrica, limitan la refrigeración en centrales térmicas y aumentan la probabilidad de incendios forestales. En este caso, destacan medidas como la diversificación de fuentes energéticas, la integración de almacenamiento y la planificación de contingencias operaivas.
El aumento sostenido de las temperaturas medias modifica los patrones de demanda y somete a la infraestructura a un estrés térmico crónico. Aquí, las medidas son la incorporación de escenarios climáticos en la planificación de redes y la actualización de normas técnicas y estándares de diseño.
Asimismo, los cambios en la temperatura del agua afectan a los sistemas de refrigeración de centrales eléctricas y pueden limitar la producción en condiciones extremas. Para abordar esto, se proponen tecnologías alternativas de refrigeración y la optimización en la gestión de recursos hídricos.
Integrar la resiliencia climática en la planificación de la red
El conjunto de datos se ha desarrollado para respaldar el trabajo conjunto con la Red Europea de Operadores de Sistemas de Transporte de Electricidad (ENTSO-E) para integrar la resiliencia climática en los procesos de planificación de la red a largo plazo. Desde 2023, han desarrollado conjuntamente un marco para guiar un nuevo indicador cuantitativo de adaptación y resiliencia climáticas según la metodología de Análisis Coste-Beneficio (ACB) de ENTSO-E.

El cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, incendios forestales e inundaciones, afectan cada vez más al sistema eléctrico. Abordar estos impactos conlleva implicaciones financieras derivadas de las inversiones en medidas preventivas, de mitigación o de restauración para mantener los sistemas eléctricos en funcionamiento. Para abordar esto, el Reglamento sobre las redes transeuropeas de energía (RTE-E) señala que el proceso europeo de planificación de la infraestructura eléctrica debe considerar adecuadamente los aspectos de adaptación al clima.
Para cumplir con este requisito, ENTSO-E está trabajando para incorporar un nuevo indicador cuantitativo para las medidas de adaptación y resiliencia climática en su metodología de Análisis Coste-Beneficio (CBA).
El nuevo indicador se incorporará a la quinta edición de la guía de la Metodología de Análisis de Costes (ACB) de ENTSO-E, complementando así otros indicadores de ACB. RGI y ENTSO-E colaboran para desarrollar el marco que guiará el nuevo indicador, incluyendo el mapeo de riesgos climáticos y fenómenos meteorológicos extremos, y las medidas correspondientes, para evaluar mejor las soluciones necesarias.
Para lograrlo, se necesitan asociaciones entre los planificadores de redes y sistemas energéticos y los modeladores climáticos para integrar la información climática y meteorológica en la planificación del sistema energético, con el fin de desarrollar una red eléctrica más resiliente y a prueba del clima.
En definitiva, el trabajo conjunto entre RGI y ENTSO-E en el desarrollo de este marco y del nuevo indicador cuantitativo fortalecerá la planificación del sistema energético europeo a través de la metodología ACB, incorporando de forma explícita la resiliencia climática como criterio central en la toma de decisiones sobre infraestructuras estratégicas.