Las tecnologías innovadoras de almacenamiento energético de larga duración (LDES, por sus siglas en inglés) están llamadas a desempeñar un papel cada vez más relevante en la transición energética europea. Así lo señala un informe elaborado por Eurelectric y Afry, que destaca el creciente potencial comercial de estas soluciones para aportar flexibilidad al sistema eléctrico y favorecer la integración de energías renovables.

El análisis concluye que cada gigavatio (GW) de capacidad de almacenamiento de larga duración podría generar entre 150 y 250 millones de euros anuales en ahorros de costes operativos variables para el sistema eléctrico. Además, estas tecnologías permitirían reducir los vertidos de energía renovable, aliviar la congestión de las redes y mejorar la seguridad del suministro.
Nuevas soluciones para complementar la flexibilidad del sistema
Actualmente, las centrales hidroeléctricas de bombeo constituyen la principal herramienta de almacenamiento de larga duración en Europa. Sin embargo, el estudio destaca la aparición de nuevas tecnologías capaces de proporcionar flexibilidad durante periodos superiores a ocho horas.
Entre ellas figuran las baterías de hierro-aire, los sistemas de almacenamiento mediante aire comprimido (CAES) y el almacenamiento de aire líquido (LAES), soluciones que podrían contribuir a equilibrar la red eléctrica durante periodos prolongados y adaptarse mejor a un sistema dominado por fuentes renovables variables como la energía solar y eólica.
España y Portugal destacan por su potencial
El informe identifica importantes diferencias entre los mercados europeos. Mientras que en Alemania y Reino Unido las tecnologías con más de 24 horas de almacenamiento podrían alcanzar viabilidad comercial a partir de 2040, España y Portugal presentan condiciones especialmente favorables para sistemas con duraciones de entre ocho y doce horas.
Según el estudio, estas perspectivas indican que empieza a consolidarse un modelo de negocio viable para distintas tecnologías de almacenamiento de larga duración en el sur de Europa.
Además, España y Portugal figuran entre los países donde estas soluciones podrían generar mayores beneficios al evitar el desaprovechamiento de electricidad renovable. Cada megavatio (MW) instalado de almacenamiento de larga duración podría evitar entre 1,3 y 2,5 MWh de energía renovable vertida al año.
Retos para la inversión
Pese al creciente interés, el informe advierte de que persisten barreras para el desarrollo de estos proyectos. Los elevados costes iniciales y la insuficiencia de ingresos procedentes de los mercados energéticos y de servicios de red continúan dificultando la financiación de nuevas instalaciones en algunos países.
No obstante, Eurelectric considera que el aumento de la generación renovable previsto para los próximos años incrementará el valor de la flexibilidad en los sistemas eléctricos europeos y mejorará progresivamente la competitividad de estas tecnologías.
El informe concluye que, a medida que evolucionen los marcos regulatorios y aumente el despliegue de estas tecnologías, el almacenamiento energético de larga duración está llamado a convertirse en una pieza fundamental del sistema eléctrico europeo descarbonizado. Su capacidad para almacenar excedentes renovables y liberarlos cuando la demanda aumenta o la producción disminuye permitirá reforzar la resiliencia de la red y aprovechar mejor la energía limpia generada en Europa.