Nuevo informe de Irena y la OMM sobre el impacto del cambio climático en las energías renovables

La variabilidad climática y el cambio climático a largo plazo están influyendo de forma creciente en el rendimiento y la fiabilidad de los sistemas de energía renovable a nivel mundial. El informe anual 2024 de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) indica que 2024, el año más cálido registrado, estuvo marcado por cambios regionales significativos en el potencial solar, eólico e hidroeléctrico, junto con un aumento del 4% en la demanda energética mundial.

El resumen anual de 2024 de la OMM e Irena destaca los crecientes impactos de los fenómenos climáticos extremos en los sistemas de energía limpia.

El análisis se enmarca en un contexto de rápida expansión del sector, ya que la capacidad mundial de energía renovable superó los 4.400 GW, lo que intensificó la interacción entre las condiciones climáticas y los sistemas energéticos. Los hallazgos subrayan la urgencia de integrar la inteligencia climática en la planificación energética, en línea con el consenso alcanzado en la COP28 de los Emiratos Árabes Unidos, que insta a triplicar la capacidad mundial de energías renovables y duplicar la eficiencia energética para 2030.

Extremos climáticos y estrés sobre los sistemas energéticos

Utilizando cuatro indicadores energéticos clave —factores de capacidad eólica y solar, un indicador hidroeléctrico basado en las precipitaciones y un indicador de demanda energética derivado de la temperatura—, el ‘Resumen del año 2024: Recursos energéticos renovables globales y demanda energética impulsados ​​por el clima’ muestra que las condiciones residuales de El Niño, el calor oceánico récord y el calentamiento a largo plazo generaron fuertes contrastes regionales en el desempeño energético durante 2024.

En África austral, los factores de capacidad eólica aumentaron entre un 8% y un 16%, y los solares entre un 2% y un 6%. Sin embargo, la producción hidroeléctrica se mantuvo por debajo de la media por tercer año consecutivo, mientras que la demanda energética alcanzó niveles récord. En el sur de Asia se registraron déficits en el rendimiento eólico y solar, junto con un fuerte aumento de la demanda de refrigeración, con anomalías mensuales de hasta el 16% en octubre.

África oriental presentó anomalías hidroeléctricas positivas debido a precipitaciones superiores a la media, mientras que en algunas regiones de Sudamérica se observó una producción hidroeléctrica reducida y una demanda elevada en un contexto de condiciones secas y calurosas.

Evaluación de la utilidad de los pronósticos climáticos estacionales

Por primera vez, el informe evalúa la utilidad de los pronósticos climáticos estacionales para anticipar indicadores energéticos. Los resultados muestran que estos pronósticos —en particular los del sistema del Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Medio Plazo (ECMWF)— pueden prever con meses de antelación anomalías regionales en el potencial de energía solar y en la demanda de electricidad.

Como ejemplo, los pronósticos emitidos a comienzos del verano de 2024 anticiparon correctamente una demanda energética inusualmente alta y un rendimiento solar inferior al promedio en amplias zonas de África.

Estos avances ponen de relieve el papel de las alertas tempranas sobre olas de calor, variaciones en las precipitaciones y factores climáticos de gran escala como el fenómeno ENSO, para apoyar la gestión de la carga, las operaciones de embalses, la planificación de infraestructuras y el comercio transfronterizo de electricidad, reduciendo la volatilidad de la oferta y la demanda.

De cara a la elaboración de las Estrategias de Desarrollo con Bajas Emisiones a Largo Plazo (LT-LEDS), el informe destaca la necesidad de reforzar la planificación energética basada en el clima. Entre las prioridades figuran la mejora de los datos y los sistemas de observación, la ampliación de los servicios climáticos regionales y los sistemas de alerta temprana, la integración de los pronósticos estacionales en la toma de decisiones y el diseño de objetivos energéticos resilientes al clima, alineados con el Acuerdo de París y los resultados del Balance Mundial de la COP28.

 
 
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