La Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) sitúa la electrificación, el despliegue renovable y la reducción acelerada del uso de combustibles fósiles como ejes de la siguiente fase de la transición energética global. Su nueva hoja de ruta actualizada para un escenario de 1,5 °C plantea que la electricidad eleve su peso en el consumo energético mundial del 23% actual al 35% en 2035 y a más del 50% en 2050.
El informe ‘Transición para dejar atrás los combustibles fósiles: una hoja de ruta basada en energías renovables, electrificación y mejora de la red eléctrica’, publicado por Irena en colaboración con la Presidencia brasileña de la COP30 antes de la Reunión Ministerial sobre el Clima de Copenhague, advierte de que los sistemas energéticos actuales no están preparados estructuralmente para cumplir el objetivo climático de 1,5 °C.
Irena vincula esta revisión a un contexto marcado por tensiones geopolíticas, fuerte crecimiento de la demanda energética y mayor volatilidad en los mercados de combustibles fósiles. La agencia sostiene que los objetivos de triplicar la capacidad renovable y duplicar las mejoras de eficiencia energética para 2030 siguen siendo esenciales, pero no bastan por sí solos para completar la transformación energética.
Electrificación y transición energética
La hoja de ruta revisada señala que el aumento de la demanda en transporte, industria, edificios y digitalización exige trasladar el foco hacia la electrificación de los usos finales. En paralelo, plantea una salida progresiva de los combustibles fósiles tanto en la oferta como en la demanda energética.
En el escenario de 1,5 °C que Irena incorporará a su próximo Informe sobre la Transición Energética Mundial, la demanda eléctrica adicional estaría cubierta en su mayor parte por energías renovables. Al mismo tiempo, la participación de los combustibles fósiles en los distintos sectores debería descender del 80% actual al 50% en 2035 y al 20% o menos en 2050.
El informe identifica la electrificación como el principal factor estructural de reducción del consumo de combustibles fósiles en los grandes sectores de uso final. Esta transición implicaría una reorganización profunda de las infraestructuras energéticas y de la asignación de inversiones.
Redes eléctricas, almacenamiento e inversiones necesarias
Irena subraya que los países tendrán que invertir de manera simultánea en redes eléctricas, almacenamiento y flexibilidad del sistema para garantizar suministros eléctricos fiables, seguros y asequibles ante una demanda creciente. La infraestructura se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella: alrededor de 2.500 gigavatios de capacidad eólica y solar están pendientes de conexión a la red.
La agencia calcula que las necesidades medias de inversión en redes ascenderán a 1,2 billones de dólares anuales, más del doble de los 0,5 billones invertidos en 2025. Alcanzar las mejoras previstas para 2035 y 2050 requerirá, además, acelerar los permisos administrativos y aumentar la escala de la financiación.
El documento también apunta a inversiones significativas en cadenas de suministro de hidrógeno y combustibles alternativos, así como en tecnologías de electrificación de usos finales y en sus infraestructuras asociadas. Entre ellas figuran la recarga de vehículos eléctricos, la rehabilitación de edificios, la implantación de calefacción y refrigeración eléctricas y la electrificación industrial.
El informe también subraya la importancia de supervisar el progreso en materia de electrificación, mejora de la red eléctrica y reducción del uso de combustibles fósiles para apoyar la implementación y orientar la cooperación internacional. Irena prevé aportar análisis y cooperación técnica en el proceso hacia la COP31, que se celebrará en Antalya.
