’24/7 Renewables’: Análisis de Irena sobre el potencial de los sistemas híbridos renovables para ofrecer suministro eléctrico estable

El nuevo informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), ’24/7 Renewables: The economics of firm solar and wind’, confirma que la combinación de energía solar y eólica con almacenamiento en baterías es capaz de suministrar electricidad continua, estable y, lo más relevante, a un coste inferior al de las centrales basadas en combustibles fósiles en múltiples regiones del mundo.

El informe de Irena aborda el papel del almacenamiento en la estabilidad del sistema eléctrico.

Este hallazgo desmonta uno de los argumentos más repetidos contra las energías renovables: su supuesta incapacidad para garantizar suministro constante. Según Irena, esa limitación no refleja la realidad tecnológica actual. La integración de generación renovable con sistemas de almacenamiento ha dado lugar a soluciones híbridas capaces de ofrecer energía firme, es decir, electricidad disponible las 24 horas del día.

LCOE firme: la nueva métrica de la energía renovable

El informe introduce el LCOE firme (F-LCOE) como indicador que mide el coste total por MWh de una instalación capaz de cubrir una demanda constante a lo largo del año con un nivel de fiabilidad definido. A diferencia del LCOE convencional, esta métrica incorpora el coste de la transformación del perfil de generación: el sobredimensionamiento de la planta, el almacenamiento en baterías y la complementariedad entre tecnologías.

En este marco, las baterías (BESS) desempeñan un papel central al permitir desplazar energía en el tiempo y suavizar la variabilidad de la generación solar y eólica. Irena señala que esta aproximación no sustituye a los modelos de sistema eléctrico, pero sí permite comparar proyectos híbridos con alternativas fósiles bajo condiciones homogéneas de fiabilidad.

El gráfico muestra cómo la generación variable de solar y eólica se convierte en suministro firme mediante sobredimensionamiento, renovables complementarias y baterías (BESS), manteniendo la producción anual total y permitiendo calcular el LCOE firme según un nivel de fiabilidad.

El enfoque del F-LCOE introduce además una dimensión temporal que hasta ahora quedaba fuera de las métricas tradicionales: la capacidad de una instalación no solo se valora por la energía total producida, sino por su disponibilidad en cada hora del año. Esto resulta especialmente relevante en sistemas con alta penetración renovable, donde la coincidencia entre generación y demanda se convierte en un factor determinante del coste real del sistema.

Asimismo, la metodología permite capturar de forma más precisa el valor económico del almacenamiento, que deja de ser un componente auxiliar para convertirse en un elemento estructural del sistema energético. Al integrar generación y flexibilidad en una única métrica, el F-LCOE ofrece una base más realista para comparar tecnologías en contextos donde la firmeza del suministro es un requisito central.

Una nueva economía de la energía

El informe destaca que en regiones con recursos solares y eólicos de alta calidad, las soluciones híbridas son económicamente más competitivas que las nuevas plantas de carbón o gas. Los costes nivelados de electricidad firme (LCOE) procedentes de sistemas solares con almacenamiento se sitúan entre 54 y 82 dólares por megavatio-hora (MWh).

En comparación, el nuevo carbón en China oscila entre 70 y 85 USD/MWh, mientras que las nuevas plantas de gas a nivel global superan los 100 USD/MWh. En Europa, mercados como España empiezan a mostrar también una creciente competitividad de los sistemas renovables con almacenamiento frente al coste operativo de centrales fósiles existentes.

Este cambio de paradigma tiene implicaciones profundas: no solo se trata de sostenibilidad ambiental, sino también de competitividad económica directa. Las renovables dejan de ser una alternativa verde más cara para convertirse en la opción más barata en muchos escenarios.

China se consolida como referencia global en costes de energía solar firme con almacenamiento, con proyectos capaces de generar electricidad por debajo de 100 USD/MWh e incluso mínimos de hasta 30 USD/MWh.

La creciente competitividad de las energías renovables también responde a la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles expuestos a volatilidad de precios, tensiones geopolíticas y problemas de suministro. En este contexto, los sistemas renovables con almacenamiento aparecen como una alternativa más estable, resiliente y segura para garantizar suministro energético continuo.

China actualmente define el suelo de costes global para la solar firme con almacenamiento. Las simulaciones realizadas sobre 252 proyectos de energía solar fotovoltaica a escala utility puestos en servicio en 2024 muestran que una parte significativa puede entregar electricidad firme por debajo de 100 USD/MWh. Los valores mínimos observados alcanzan incluso los 30 USD/MWh con un 90% de fiabilidad, y alrededor de 46 USD/MWh con un nivel de fiabilidad del 99%. Incluso en los escenarios más exigentes, más de la mitad de los proyectos se mantiene por debajo del umbral de 100 USD/MWh.

La fiabilidad deja de ser un problema

Durante años, uno de los principales argumentos contra la expansión de la energía solar y eólica ha sido su variabilidad. Sin embargo, el informe de Irena sostiene que esta crítica ha quedado obsoleta. La combinación de generación renovable con sistemas de almacenamiento en baterías (BESS, por sus siglas en inglés) permite una gestión eficiente de la intermitencia, asegurando suministro continuo incluso cuando no hay sol o viento.

El descenso acelerado del coste de las baterías ha sido clave en esta transformación, permitiendo no solo estabilizar la producción eléctrica, sino también reforzar la resiliencia energética frente a crisis internacionales y fluctuaciones de los mercados de petróleo y gas.

Irena destaca el papel del almacenamiento energético en la evolución de las renovables hacia modelos más estables.

De este modo, las renovables firmes empiezan a consolidarse como una alternativa capaz de ofrecer estabilidad operativa y seguridad energética a gran escala.

El informe también señala que la capacidad de suministrar electricidad de manera continua se está convirtiendo en un factor estratégico para sectores con alta demanda energética y necesidad de operación permanente, como los centros de datos, la inteligencia artificial, la manufactura avanzada y parte de la industria pesada. En estos casos, la disponibilidad constante de energía deja de ser únicamente una cuestión técnica para convertirse en una ventaja competitiva.

Además, los sistemas híbridos renovables permiten reducir la exposición de empresas y países a la volatilidad de los mercados internacionales de combustibles fósiles. La posibilidad de producir electricidad firme con recursos locales, apoyados por almacenamiento, mejora la previsibilidad de costes energéticos y reduce la dependencia de importaciones de gas o carbón, especialmente en contextos de tensión geopolítica o inestabilidad de precios.

Sistemas híbridos: el nuevo estándar energético

El concepto de energía firme se basa en la combinación de tecnologías. Los sistemas híbridos de solar, eólica y almacenamiento no solo generan electricidad, sino que optimizan su entrega en función de la demanda. Esto permite desplazar la producción hacia las horas de mayor valor económico y reducir la exposición a fluctuaciones de precios. En este sentido, los resultados de los modelos muestran cómo la generación variable de la eólica puede transformarse en un perfil de suministro estable mediante sobrecapacidad, almacenamiento en baterías (BESS) e incluso la incorporación de solar complementaria, manteniendo distintos niveles de fiabilidad entre el 85% y el 95%.

Resultados de un sistema eólico con almacenamiento (BESS) bajo distintas estrategias de hibridación y niveles de fiabilidad (85%, 90% y 95%), incluyendo sobrecapacidad eólica y combinación con solar fotovoltaica.

Además, estas soluciones son especialmente relevantes para sectores de alta demanda tecnológica como los centros de datos y la inteligencia artificial, que requieren suministro continuo sin interrupciones. La energía firme renovable se posiciona así como una infraestructura crítica para la economía digital del futuro.

Otro aspecto clave es su potencial para producir combustibles limpios destinados a sectores difíciles de descarbonizar, como la industria pesada o el transporte marítimo. En estos casos, la viabilidad económica depende no solo del coste de generación, sino también del factor de utilización de la infraestructura.

Caída acelerada de costes tecnológicos

Uno de los elementos más destacados del informe es la velocidad a la que han disminuido los costes de las tecnologías renovables. Desde 2010, el coste total de instalación de la energía solar fotovoltaica ha caído un 87%, mientras que la energía eólica terrestre ha bajado un 55%. Por su parte, el almacenamiento en baterías ha experimentado una reducción aún más drástica del 93%.

Estas cifras explican el cambio de competitividad. La combinación de tres tecnologías que han reducido significativamente sus costes de forma simultánea genera un efecto multiplicador en los sistemas híbridos.

Además, los tiempos de construcción también son más cortos. Los proyectos solares y eólicos pueden entrar en funcionamiento entre uno y dos años después de obtener permisos y conexión a red, mientras que las plantas de gas suelen requerir plazos más largos y mayor complejidad regulatoria.

Tendencias hacia el futuro

Irena proyecta que los costes seguirán disminuyendo en la próxima década. Se estima una reducción adicional del 30% hacia 2030 y de hasta el 40% en 2035. Esto situaría el coste de la energía firme por debajo de los 50 USD/MWh en las mejores ubicaciones del mundo.

Un ejemplo destacado es el complejo de Al Dhafra en los Emiratos Árabes Unidos, en la ciudad de Abu Dhabi, que combina energía solar con almacenamiento en baterías para suministrar 1 gigavatio de electricidad firme a un coste aproximado de 70 USD/MWh. Este proyecto demuestra que la teoría se está materializando en infraestructuras reales a gran escala.

Trayectoria proyectada del coste de la electricidad eólica firme (Firm LCOE) entre 2020 y 2035 en emplazamientos seleccionados, mostrando la reducción progresiva de costes asociada a la hibridación con almacenamiento en baterías y estrategias de sobrecapacidad.

La energía eólica con almacenamiento también muestra avances significativos. En 2025, los costes de sistemas eólicos firmes oscilan entre 59 USD/MWh en regiones de alto recurso como Mongolia Interior y entre 88 y 94 USD/MWh en mercados como Brasil, Alemania o Australia. Para 2030, se espera que estos valores bajen aún más, situándose entre 49 y 75 USD/MWh.

Esta tendencia de reducción sostenida se refleja en las trayectorias proyectadas del coste de la eólica firme, que muestran una caída continua entre 2020 y 2035 en distintos emplazamientos, impulsada por la integración de almacenamiento en baterías y estrategias de hibridación.

Complementariedad y optimización del sistema

Otro hallazgo es el valor estratégico de combinar distintas fuentes renovables. La integración de energía solar y eólica reduce la necesidad de almacenamiento adicional gracias a la complementariedad de sus perfiles de generación. Esto mejora la eficiencia operativa del sistema y contribuye a disminuir los costes globales.

Esta lógica de integración transforma la planificación energética tradicional. El foco deja de estar en tecnologías aisladas para pasar a modelos energéticos interconectados capaces de optimizar generación, almacenamiento y distribución en tiempo real.

En este contexto, el informe de Irena aporta algo más que datos técnicos: plantea un cambio de enfoque sobre la transición energética. Las energías renovables no se presentan únicamente como una alternativa de futuro, sino como una opción competitiva y plenamente viable en el presente.

La combinación de solar, eólica y almacenamiento no solo alcanza niveles de coste comparables a los de los combustibles fósiles en numerosos escenarios, sino que en muchos casos los supera. A ello se suman beneficios asociados a la seguridad energética, la resiliencia frente a crisis y una menor exposición a la volatilidad de los precios energéticos.

 
 
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