El Índice de Transición Energética 2026 del Foro Económico Mundial advierte de que la transición energética global afronta una nueva etapa en la que reforzar la resiliencia y la seguridad del suministro será clave para mantener el ritmo de avance. El informe señala que el proceso se está fragmentando y pierde impulso en un entorno marcado por mayores riesgos geopolíticos, tensiones de suministro y aumento de la demanda. El avance hacia sistemas energéticos más sostenibles, equitativos y seguros se ha estancado pese a una inversión mundial récord de 3,3 billones de dólares en 2025, de los que 2,3 billones correspondieron a energía limpia.
El informe, elaborado en colaboración con Accenture, identifica una creciente desconexión entre la inversión de capital y la preparación para la transición, que disminuyó por primera vez en más de una década, lo que sugiere que la inversión por sí sola ya no basta para mantener el impulso.
Seguridad energética, asequibilidad y resiliencia ganan peso en la transición
La interrupción registrada en el estrecho de Ormuz ha puesto de relieve vulnerabilidades ya presentes en los sistemas energéticos, especialmente en economías emergentes dependientes de las importaciones. El índice vincula estas tensiones con el incremento de la demanda, los cuellos de botella en infraestructuras y la concentración de la inversión en energía limpia en un número reducido de mercados.
El Índice de Transición Energética (ETI) evalúa el desempeño de los sistemas energéticos nacionales en tres dimensiones principales: seguridad, sostenibilidad y equidad. También mide la preparación del entorno habilitador, que incluye políticas, infraestructuras, inversión e innovación. En conjunto, las puntuaciones del ETI apenas variaron respecto al año anterior, reflejo de una desaceleración general del progreso.
Según el informe, las caídas en seguridad energética y en preparación para la transición compensaron avances en otros ámbitos, en un contexto de condiciones financieras más restrictivas y limitaciones de infraestructura. Aun así, el 60% de los países mejoró su puntuación global, aunque el avance equilibrado es menos frecuente: solo uno de cada cuatro progresó simultáneamente en las tres dimensiones analizadas.
Los países nórdicos lideran el ETI y China mantiene el ritmo inversor
Los países nórdicos se mantienen al frente de la clasificación del ETI. Entre los mayores avances figura Singapur, que subió diez posiciones impulsado por nueva regulación y un mayor compromiso político. Las economías avanzadas ocuparon 14 de los 20 primeros puestos, aunque su progreso fue desigual y prácticamente plano, con un incremento medio de solo el 0,2% interanual.
Seis economías del G20 aparecen entre las 20 primeras posiciones: Alemania, en el noveno puesto; Francia, en el décimo; Reino Unido, en el undécimo; China, en el decimocuarto; Brasil, en el decimoséptimo; y Estados Unidos, en el decimonoveno. Entre las grandes economías, China siguió ampliando la inversión en energía limpia a niveles récord, India registró una de las mayores mejoras en preparación para la transición y Estados Unidos conservó un desempeño sólido en seguridad energética pese a un ligero retroceso global.
Por regiones, África subsahariana obtuvo las mayores ganancias, mientras que América Latina se debilitó por el descenso en la preparación para la transición. Brasil continuó como referente regional por la fortaleza de su mix energético. Oriente Medio y Norte de África también registraron una caída notable, asociada al menor compromiso político y a la reducción de la inversión en infraestructuras, aunque Arabia Saudí destacó por mejoras vinculadas a apoyo financiero y despliegue renovable.
Demanda eléctrica, redes e inversión condicionan el avance
El informe subraya que la divergencia regional responde a presiones estructurales. La demanda mundial de electricidad creció un 3%, impulsada por la electrificación, la refrigeración, la infraestructura digital y la inteligencia artificial. Las economías emergentes concentran alrededor del 80% del crecimiento de la demanda, pero afrontan costes de financiación más elevados y déficits de infraestructura.
A pesar del volumen récord de inversión, el capital destinado a energía limpia sigue muy concentrado: cerca del 75% fluye hacia un grupo reducido de economías. Esta distribución amplía la distancia entre los mercados que reciben inversión y aquellos donde la demanda energética aumenta con mayor rapidez.
El informe plantea tres prioridades para sostener el progreso: integrar la seguridad y la resiliencia desde el diseño inicial de los sistemas energéticos, acelerar la expansión de redes y la capacidad de integración del sistema, y recuperar la capacidad de atraer inversión mediante marcos políticos estables y flujos de capital dirigidos, especialmente hacia las economías emergentes que impulsarán la mayor parte del crecimiento futuro de la demanda.
