La Comisión Europea ha puesto a disposición de los países de la UE un catálogo de prácticas nacionales para afrontar el impacto de la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio, con medidas orientadas a reducir el consumo de gas y petróleo, reducir costes y generar ahorros inmediatos para hogares, empresas y administraciones públicas. Estas actuaciones pueden contribuir a reducir costes a corto plazo, al tiempo que refuerzan la resiliencia del sistema energético de la UE de cara al futuro.
El catálogo se ha concebido como una herramienta web dinámica, que se actualizará periódicamente para incorporar nuevas medidas listas para usar con el fin de mitigar los efectos del conflicto en Oriente Medio.
Catálogo de prácticas nacionales
El conjunto de medidas, consideradas buenas prácticas nacionales, da continuidad a la comunicación AccelerateEU, presentada el mes pasado por la Comisión Europea, y que contemplaba este catálogo. El catálogo recoge prácticas consideradas replicables en distintos Estados miembros y basadas en políticas que ya se aplican en países de la UE. La Comisión Europea las presenta como ejemplos operativos que pueden trasladarse a otros contextos nacionales para acelerar la respuesta frente a la presión sobre los mercados energéticos.
El documento se estructura en torno a tres líneas prioritarias: proteger a consumidores e industria y promover los objetivos a largo plazo de transición limpia de la UE; impulsar el ahorro energético inmediato y el rápido despliegue de soluciones limpias y eficientes desde el punto de vista energético, ampliando la capacidad manufacturera europea; y fomentar inversiones en eficiencia energética, producción de energía limpia y gestión de la demanda.
La Comisión Europea sostiene que una aplicación más rápida de las normas energéticas ya vigentes en la UE permitiría reducir la demanda de gas natural entre 10.000 y 15.000 millones de metros cúbicos al año y disminuir el consumo de petróleo entre 15 y 20 millones de toneladas equivalentes anuales, reduciendo la factura energética y la dependencia de mercados fósiles volátiles. Por ello, su implementación es clave.
